Graciela Salaverry Arbulú
(20/10/1945 / 06-08-2006)
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Describir a Chelita supone una tarea no sólo difícil sino imposible de definir con palabras, porque su recuerdo está más ligado a los sentimientos de tantas personas que recordamos su gran corazón y carisma dignas de admiración.
Entusiasta y alegre con un gran sentido del humor, difícilmente olvidaremos sus ganas de vivir intensamente que la llevaron a librar muchas batallas en su vida, pero que con su optimismo insuperable lograba vencer. Sin lugar a dudas, toda una luchadora.
Espontánea, genuinamente buena y con marcados sentimientos de
desprendimiento total al momento de apoyar a su familia y amigos.
Madre maravillosa y protectora, dedicaste gran parte de tus años al cuidado de tus gemelas Chela y Vanessa, siendo un apoyo incondicional para ellas y gran ejemplo. Descansas tranquila en el cielo viéndonos logradas y protegidas por “Gringo” y Giancarlo, quienes siempre estuvieron a tu lado y nos sostuvieron cuando partiste.
Abuela excepcional y cómplice de tus cuatro “motivos para seguir luchando”: tus nietos, con quienes tuviste la alegría de compartir momentos invalorables, logrando ocupar un lugar irremplazable en sus vidas y recordándote hoy no con tristeza sino con gran cariño.
Fueron tus cuentos los que fascinaban a Antonella, tu “conchito “, a quien le dejaste un gran legado que guarda como su gran tesoro, como también el “besito de mamama”, infaltables ambos antes de dormir.
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